Ofrendar

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jueves, 16 de mayo de 2013

Quién figura en las noticias


El video incluye los principales resultados y conclusiones del Monitoreo Mundial de Medios (GMMP por sus siglas en inglés), que realiza la WACC cada 5 años. El último estudio mundial se realizó e el 2009 y participaron más de 100 países.

El monitoreo mundial de medios es la única investigación transversal sobre medios de comunicación y género y sus resultados oficiales son avalados por ONU Mujeres.





domingo, 24 de marzo de 2013

24 de marzo, presente

Casi pisando los cuarenta años del inicio de la dictadura militar, todavía está viva, persiste. Y no solo como el acontencimiento que nos sigue interpelando y definiendo, sino como lugar desde donde pensar y plantarse al futuro.

jueves, 21 de febrero de 2013

Comunicación para todos y todas: Compartiendo los principios de la WACC


La Asociación Mundial para la Comunicación Cristiana (WACC) cree que la comunicación juega un papel importante tanto en la construcción de la paz, la seguridad y el sentido de identidad así como en la promoción de la justicia, la responsabilidad mutua y la transparencia. La comunicación, cree la WACC, contribuye al bien común. Esta convicción ha llevado a la WACC a formular siete principios sobre los cuales fundamentar su trabajo:
  • La comunicación es un ejercicio espiritual
  • La comunicación construye y crea comunidad
  • La comunicación aumenta la participación
  • La comunicación promueve libertad y exige responsabilidad
  • La comunicación celebra la diversidad cultural
  • La comunicación construye vínculos
  • La comunicación afirma la justicia y desafía la injusticia

Introducción

En 1984, Hans W. Florin, por entonces Secretario General de la WACC, dirigió el proceso de preparar un documento que expresara su identidad y orientara su trabajo. Dos años después, los directores de la WACC adoptaron los Principios Cristianos de la Comunicación (1986), afirmando que la comunicación crea comunidad, es participativa, libera a las personas, defiende y promueve las culturas humanas en toda su gran diversidad y se pronuncia proféticamente ante los poderes establecidos. El Padre Michael Traber fue el redactor principal de esos principios.

La esperanza de la WACC era que los Principios Cristianos de la Comunicación retaran a sus miembros a “desasociarse de las estructuras de poder que mantenían a los pobres en una posición de sobrevivencia” y promovieran una “reconciliación genuina mediante la cual la dignidad de todas las personas pudiera ser reafirmada.” El objetivo era, también, alentar a los miembros a contribuir, como personas de fe, en los debates que emergían en esa época por los derechos a la comunicación y la ética de la comunicación, así como sumarse a la defensa de la verdad y la justicia en un mundo donde la información y los sistemas de comunicación a veces sostienen un status quo injusto.

Un cuarto de siglo más tarde, el mundo es, a la vez, diferente e similar. Las estructuras políticas, económicas, sociales y culturales han sido transformadas por la globalización y por la innovación tecnológica. Pero aun así, perduran problemas urgentes de injusticia e inequidad en todo el mundo, especialmente en aquellos países que sufren represión, conflicto y pobreza.

A tal efecto, la WACC ha revisado y actualizado sus principios para reflejar las realidades contemporáneas. La WACC afirma que la comunicación es un ejercicio espiritual, que crea y construye comunidad, que aumenta la participación, que promueve la libertad y exige responsabilidad, que celebra la diversidad cultural, que construye vínculos, que afirma la justicia y desafía la injusticia. En un espíritu de apertura al diálogo, la WACC ofrece este documento a toda persona con buena voluntad.

La comunicación es un ejercicio espiritual

La WACC entiende que la comunicación es una función de la trascendencia. La creación de significados en común tiene un carácter sagrado, en el cual la comunicación refleja los valores espirituales presentes en el corazón de la identidad humana. Crear significados en común es un trayecto que los cristianos y cristianas comparten con personas de otras creencias y de ninguna creencia.

La WACC encuentra en la persona de Jesús un modelo para la comunicación. En Jesús, Dios se volvió uno con la humanidad y experimentó la intensidad maravillosa de las relaciones humanas. En Jesús, Dios se volvió parte de la historia humana y afirmó el valor esencial de la comunidad y de la cultura.
Jesús vivió la compasión por los pobres, los enfermos y los excluidos, y retó a los poderosos a ayudar a quienes estaban en necesidad. En Jesús, Dios experimentó el quebrantamiento y el dolor producido por la injusticia. En Jesús, Dios levantó la esperanza de la sanación y de la plenitud, de vida abundante para todos y todas.

La tradición cristiana no ejerce un monopolio sobre estos valores; son comunes a todas las creencias. Por medio de este documento, la WACC pretende fomentar el estudio y diálogo interreligioso sobre estos temas.

La comunicación crea y construye comunidad
La comunicación es el vínculo invisible que mantiene unidas a las comunidades. El verbo latín communicare significa compartir, hacer común, convertir en propiedad comunitaria. Las comunidades formadas por communicatio comparten sus recursos espirituales y materiales, sus objetivos éticos con respecto a su vida diaria y a las relaciones que buscan construir. Ésta fue la experiencia de la primera Iglesia Cristiana, donde “Todos los creyentes estaban juntos y tenían todo en común: vendían sus propiedades y posesiones, y compartían sus bienes entre sí según la necesidad de cada uno.” (Hechos 2: 44-45).

La vida de una comunidad se ve enriquecida por el diálogo abierto, honesto y transparente sobre las decisiones y eventos que afectan la vida de sus miembros. 
Esto se aplica igualmente a un vecindario o pueblo, a una ciudad, a una comunidad religiosa o a una comunidad de naciones. Las relaciones en una comunidad son creadas y fortalecidas por conversaciones cara a cara, por medios comunitarios dirigidos por y para sus miembros, y por medios sociales que permiten una participación genuina en cuestiones políticas, sociales y culturales vinculadas al bien común.

Más que unir a las personas y ayudarlas a reconocer intereses comunes, los medios masivos suelen aislar o dividir. Donde no existen obstáculos o limitaciones, los medios alternativos y sociales pueden ayudar a revitalizar a las comunidades y reavivar las relaciones, ya que representan maneras de comunicación que son abiertas e inclusivas, y no unidireccionales y exclusivas.

Las comunidades dependen de la comunicación para desmantelar las barreras que les impiden reclamar derechos y justicia para todos y todas – particularmente las barreras de raza, género, clase, nacionalidad, poder y riqueza.

Una comunicación genuina requiere responsabilidad mutua puesta en práctica en comunidad, construyendo confianza que, a su vez, fortalece la vida de la comunidad y puede llevar a la comunión. La verdadera comunión se ve facilitada cuando las personas se unen afirmando que la diversidad, la aceptación y el compromiso mutuo los enriquecen y los vuelven más fuertes.

La comunicación mejora la participación

La comunicación participativa es abierta al diálogo, al intercambio fluido de ideas y a la transformación que emerge como resultado. La comunicación inclusiva no busca sólo persuadir a las personas a aceptar ideas preconcebidas. Por el contrario, una conversación verdadera cambia a todos los y las participantes; las ideas se convierten en un trabajo-en-progreso comunitario, iluminado e iluminante. La participación lleva también a la transparencia y a la responsabilidad mutua cuando las personas comprenden su participación en el contexto del bienestar de sus comunidades.

Cuando la comunicación es inclusiva e invita a la participación, hace que las visiones del mundo y las experiencias colectivas sean más ricas y vivas. Más imágenes, pensamientos y puntos de vista se añaden a la esfera pública.
Las plataformas de medios sociales, por ejemplo, han ampliado dramáticamente la participación en los medios, aunque no están desvinculadas de la lógica del mercado y están sujetas a la influencia de los poderosos intereses ideológicos. Por esta razón, es de suma importancia que quienes participan en ellos mantengan su autonomía, diversidad y transparencia. Toda historia merece una oportunidad para ser contada, cuestionada, refutada y desafiada.

Los estereotipos son cuestionados cuando las personas usan las nuevas tecnologías para ejercer su derecho a comunicarse en el espacio público, subiendo palabras e imágenes al instante en el que ocurrieron los eventos. El peligro de los estereotipos no es sólo que son falsos, sino que presuponen que exista una sola versión acertada de cada historia y que una sola imagen pueda valer por todas. Solamente si la comunicación es participativa puede dar poder a los individuos y a las comunidades, desafiar a las estructuras políticas, económicas y culturales y ayudar a construir un mundo más justo y pacífico.

La comunicación promueve la libertad y exige responsabilidad

En muchas comunidades, la incorporación de nuevas tecnologías comunicativas en la vida diaria, multiplica las voces a la vez que crea espacios donde las personas silenciadas e invisibilizadas pueden plantear sus reivindicaciones. Las comunidades usan estas tecnologías, junto con otros medios tradicionales, como herramientas poderosas con las cuales pueden celebrar sus identidades particulares y exigir que las autoridades actúen con responsabilidad y transparencia. Tanto en las comunidades rurales como en las urbanas, las tecnologías de información y comunicación son usadas para contactarse con amigos y familiares, para la propia expresión creativa, para el comercio, para acceder a la cultura global, para trabajo en redes y para el trabajo de incidencia pública.
Por otra parte, los conglomerados mediáticos y tecnológicos, a veces en colaboración con los gobiernos, practican la vigilancia y ejercen niveles de control sin precedentes sobre sus ciudadanos. Además, los monopolios interconectados controlan las noticias, las opiniones y el entretenimiento, y, por lo general, promueven agendas ideológicas estrechas.

La existencia de tecnologías de información y de comunicación, en sí mismas, no hacen nada para garantizar que los medios sirvan a la verdad y al bien común, ni tampoco que todos tendrán acceso a las plataformas mediáticas. Librados a su suerte, los medios monopólicos, en alianza con los políticos, suelen engañar y manipular al público con tal de consolidar y preservar su propio poder. Tales acciones son una afrenta a la dignidad humana y socavan la libertad personal.

La tradición cristiana afirma que Dios le concedió a la humanidad libertad y dignidad, y que Dios se acerca especialmente a las personas oprimidas y marginalizadas, luchando a través de la historia por su liberación. Dios desea que todas las personas sean capaces de interpretar y aprender de su propia realidad.

En el mundo actual, la comunicación debe ser destacada como un derecho humano fundamental, y los comunicadores y comunicadoras son llamados a practicar los principios de libertad, transparencia y responsabilidad. La libertad de expresión debe ser respetada y los grupos comunitarios deben tener acceso garantizado a la tecnología y a las plataformas mediáticas. Los sistemas educativos deben incluir programas de educación para los medios. Esto es especialmente importante en tiempos de rápidos cambios sociales y tecnológicos, cuando las culturas tradicionales necesitan desarrollar estrategias constructivas para interactuar con influencias culturales externas. Juntos, dichos principios aseguran que una diversidad de voces e imágenes se mantengan ante el público y que el público pueda desarrollar un sano criterio para discernir cómo esas voces e imágenes pueden contribuir al bien común.

La comunicación celebra la diversidad cultural

Cultura es la totalidad de lo que piensa un grupo, cómo se comporta y qué es lo que produce para ser comunicado a las generaciones futuras. Cultura es lo que une a los seres humanos, pero también los divide en diferentes comunidades. En el mundo actual, es de suma importancia entender las similitudes y diferencias entre las culturas. Apreciando las similitudes, las personas comprenden mejor su común humanidad. Apreciando las diferencias, las personas pueden afirmar su propio valor en una comunidad global que a veces trivializa la identidad cultural.
La comunicación crea el entorno simbólico en el cual la identidad, la diversidad y la esencia humana de las personas coexisten. La comunicación genuina valora la dignidad de las personas como seres humanos y las culturas de sus comunidades, especialmente en cuestiones de idioma y fe religiosa. En ese sentido, y a pesar de la homogeneidad que genera la globalización, muchas personas están redescubriendo y reclamando su identidad cultural. Esto es de vital importancia cuando la memoria cultural, el idioma, la religión, el género, la edad y la etnia o raza de muchos grupos son denigrados o denegados por miembros de otros grupos culturales.

Puesto que el significado es creado y compartido a través de la comunicación, puede sembrar entendimiento o desentendimiento, armonía o discordia. Aquellos que deseen negar la justicia, pueden desempoderar a una comunidad por medio de la comunicación. En cambio, aquellos que deseen desafiar la injusticia, pueden empoderar a la comunidad por medio de la comunicación. Celebrar y defender las culturas son maneras de fortalecer su identidad y autoestima.

Los comunicadores y comunicadoras tienen la responsabilidad de crear imágenes y significados respetando los valores y tradiciones que yacen en el corazón de otras personas. Les corresponde a los comunicadores y las comunicadoras evitar los estereotipos, fortalecer el conocimiento intercultural e interreligioso y levantar el perfil de aquellas sociedades cuyas culturas viven unidas en paz, respetando tanto lo que tienen en común como lo que las separa. “Porque Cristo es nuestra paz: de los dos pueblos ha hecho uno solo, derribando mediante su sacrificio el muro de enemistad que nos separaba.” (Efesios 2:14).

La comunicación construye vínculos
Los seres humanos son creados para estar en relación con Dios, con otros seres humanos y con toda la creación. Todo lo creado está hecho a imagen de Dios. Por esta razón, el bienestar de toda la creación se da en función del bienestar de cada una de sus partes.

El mundo globalizado de hoy está sumido en múltiples conflictos, desde tensiones étnicas y religiosas, y las diferencias entre ricos y pobres, hasta los desafíos planteados por la justicia ambiental. Las narrativas contemporáneas presentadas por los medios, basadas en la convicción de que la polémica atrae audiencias más grandes, tienden a agravar en vez de mitigar esas tensiones.
En el mundo actual, el desarrollo de habilidades comunicacionales que surjan de una comprensión de lo que los humanos tenemos en común – su carácter interconectado – es urgente. Construir vínculos a través de la comunicación, afirma el carácter único de cada persona y de cada comunidad: sus rostros, historias y experiencias. De esta manera, “el otro / la otra” no es simplemente un conjunto de datos, sino un ser que es valorado y que necesita ser entendido. Esto implica dar a “otros / otras” el espacio suficiente para ser ellos mismos, donde puedan sentirse libres de decir lo que piensan.

El entenderse así vinculado resalta en cada persona su dignidad, potencial y creatividad, así como su finitud y vulnerabilidad. Nos persuade a buscar formas nuevas y vitales de diálogo y acción que trasciendan los límites de la religión y de la ideología, y que empoderan a las personas y a las comunidades.

Una comunicación que construye vínculos significa establecer relaciones de cuidado amoroso entre unos y otros y con toda la creación, reconociendo y tomando responsabilidad por el lugar ocupado por la humanidad en el conjunto interdependiente de la creación entera.

La comunicación afirma la justicia y desafía la injusticia

En el mundo mediático de hoy, unas pocas corporaciones e individuos poderosos deciden cuáles voces serán oídas y qué imágenes serán vistas por el público, permitiéndoles incidir en la elaboración de políticas gubernamentales, generar opinión pública, y mover a los pueblos hacia la guerra o hacia la paz. En este contexto, algunos trabajadores y trabajadoras de los medios, tanto en los medios noticiosos como en los del entretenimiento, se han atrevido a decir la verdad al poder, alzando las inquietudes de los excluidos y excluidas e interpretando con perspicacia cómo el poder fluye en el mundo actual.
Las y los comunicadores que disciernen el ir y venir del poder político, económico y cultural en un tiempo y lugar determinados, pueden usar su percepción para denunciar los abusos de los poderosos y para defender la dignidad de viudas y huérfanos, marginados y extranjeros. Los y las comunicadoras también pueden anunciar las buenas noticias de cómo Dios está obrando entre nosotros y nosotras para inclinar la historia humana hacia la justicia y la paz. Tal discernimiento llega a tener un significado duradero sólo cuando las palabras vienen acompañadas por acciones. Desafiar la injusticia es desafiar los “principados y potestades” y puede acarrear un gran precio.

La comunicación que afirma la justicia y desafía la injusticia, está al servicio de la verdad e ilumina la falsedad, ya que el engaño y las verdades a medias amenazan al bien común. También estimula la formación de una conciencia crítica frente a las realidades construidas por los medios, ayudando a las personas a identificar los intereses especiales y a diferenciar lo que es efímero y trivial de lo que es duradero y de valor.

Los y las comunicadores deben denunciar los abusos de los poderosos no porque carecen de errores propios, sino porque esperan crear comunidad en un mundo donde otros buscan dividir. Promueven la participación y la libertad donde otros buscan esclavizar y silenciar; apoyan y defienden la dignidad humana donde otros buscan destruirla. Los y las comunicadoras cuestionan al poder porque aquellos que lo buscan siempre, en todo tiempo y lugar, se arriesgan a ser seducidos por el poder mismo. Cuando eso pasa, el poder se convierte en un agente de muerte. Si los y las comunicadoras quieren servir al Dios de la Vida, deben afirmar la justicia y luchar contra la injusticia.

Derechos a la comunicación, comunicación para todos y todas

Considerando los principios anteriores, y creyendo que la comunicación encarna el respeto por la dignidad, integridad, igualdad y libertad de todos los seres humanos y sus comunidades, la WACC reconoce los derechos a la comunicación como inherentes a todos los otros derechos humanos.

Los derechos a la comunicación reclaman espacio y recursos en la esfera pública para que todos y todas pueden participar en debates públicos, y que su participación sea transparente, informada y democrática. Reclaman acceso irrestricto a la información y al conocimiento, elementos esenciales para la democracia, el empoderamiento, el ejercicio de una ciudadanía responsable y la responsabilidad mutua. Reclaman entornos políticos, sociales y culturales que alienten al libre intercambio de una variedad de ideas creativas, conocimiento y productos culturales. Finalmente, los derechos a la comunicación insisten en la necesidad de asegurar una diversidad de identidades culturales que, en su conjunto, mejoren y enriquezcan el bien común.

Comunicación para todos y todas: compartiendo los principios de la WACC, afirma la centralidad de la comunicación – incluyendo los medios de comunicación masivos, comunitarios y sociales – en el fortalecimiento de la dignidad humana y en el fomento de valores democráticos y de justicia social. En particular, el principio de “comunicación para todas y todos” restaura la voz y la visibilidad a los grupos vulnerables y desamparados en un espíritu de genuina solidaridad.


miércoles, 6 de febrero de 2013

Semana de la armonía interconfesional


Hace unos 7 años el Inadi - Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo - del Estado Argentino, conformó varios foros en torno de diferentes tema o situaciones de discriminación.

Entre esas temáticas una de las abordadas fue la religiosa. Una problemática enmarcada en una declamada libertad de cultos, pero cargada de siglos de desvalorización de las cosmovisiones aborígenes y religiones africanistas, de estigmatización de judíos y musulmanes y de tolerar (que no es aceptar) diversas expresiones cristianas.

Se creó entonces la Mesa de Diversidad Religiosa y Creencias integrado por referentes de distintas religiones: cosmovisión aborigen, religiones africanistas, judaísmo, islamismo, cristianismo (iglesias históricas - protestantes). También se han sumado en diferentes momentos referentes de otras religiones o de diferentes tradiciones de ellas.

Durante el primer tiempo nos fuimos conociendo y enfrentando el desafío de construir el espacio común necesario para poder comunicarnos más allá de las diferencias y particularidades. A partir de una relación basada en el afecto y la apertura al otro/a fue posible lograr una empatía suficiente que posibilitó la comunicación franca y sincera que permitió crear sentidos comunes más allá de los dogmatismos.

En ese proceso tuvimos que superar prejuicios e ideas preconcebidas y procurar un acercamiento a lo diferente intentando entenderlo en si mismo sin pretender encasillarlo en las propias categorías.

Llegamos a alcanzar una comunicación enriquecedora en la que nos reconocimos como seres humanos con diversas expresiones de su espiritualidad pero con un mismo sentir en la valoración de la vida y en la necesaria dignidad de las personas.

Como grupo hemos desarrollado diversas actividades para compartir esta unidad en la diversidad en el entendimiento de que la espiritualidad se expresa privada y públicamente y que para eso se requieren sociedades democráticas y estados laicos que garanticen esa exprexión en igualdad para que haya plena libertad.

Creo que esta experincia nos permite una vez más comprobar que, cualquiera sea la comprensión y experiencia que tengamos de lo Divino, la comunicación es el mayor don que se nos ha dado porque es lo que nos posibilita ser plenamente humanos ya que gracias a ella podemos disfrutar de la vida en comunidad en diversidad.

Daniel Favaro
Superintendente de la Región Buenos Aires de la Iglesia Metodista Evangélica Argentina - febrero 2013

domingo, 27 de enero de 2013

Justicia para el pueblo indígena Qom


La Red de investigadores en genocidio y política indígena, está circulando una carta abierta dirigida a la Sra. Presidenta de la Nación Argentina, a partir de un nuevo hecho de violencia hacia el pueblo indígena Qom que produjo la muerte de un niño de 12 años en Bermejito, Chaco en este mes de enero, sumado a otras muertes en apenas meses.

Son diversos los hechos producidos en los que resultaron muertos miembros del Pueblo Qom de las provincias norteñas de Chaco y Formosa, y que hasta hoy no han sido investigados satisfactoriamente.

La carta cita los siguientes casos:

* Roberto López, muerto en la represión policial del 23 de noviembre de 2010 a la comunidad Potae 
Napocna Navogoh (La Primavera), Pcia. de Formosa.
* Mario López, dirigente pilagá de Colonia Alberdi y delegado del MoCaFor que se dirigía al día siguiente a expresar su solidaridad con Potae Napocna Navogoh, muerto tras ser atropellado por un policía.
* Alberto Galván, jornalero Qom perteneciente a la comunidad Paraje El Colchón, cercana a Villa Río Bermejito, Pcia. del Chaco, asesinado a tiros y arrojado a las pirañas el 21 de enero de 2011.
* Mártires López, dirigente de la Unión Campesina, muerto el 14 de junio de 2011 en circunstancias dudosas, luego de ser atropellado dos días antes por un vehículo mientras circulaba en su moto por la ruta en Libertador General San Martín, Pcia. del Chaco.
* Celestina Jara y su nieta Natalia Lila Coyipe de 11 meses, también miembros de Potae Napocna Navogoh, muertas el 10 de diciembre de 2012 tras ser atropelladas por un gendarme quien no sólo no las auxilió sino que junto con sus acompañantes golpeó a Ricardo Coyipe, dirigente Qom y esposo de Celestina, para impedir que, aun estando malherido, les prestara ayuda.
* Imer Flores, de 12 años, miembro de la comunidad Qompi Naqona’a de Villa Río Bermejito, Pcia. del Chaco, asesinado a golpes por una patota el 5 de enero de 2013.
* Daniel Asijak, 16 años, sobrino del qarashe Félix Díaz de La Primavera, muerto en circunstancias dudosas mientras circulaba por la ruta en su moto, el 9 de enero de 2013.

La misiva tiene  como cometido solicitar al estado se lleve a cabo la debida investigación ante los reiterados casos de violencia y muerte padecida por el pueblo Qom de las provincias argentinas de Chaco y Formosa, tal cual se detallan en la misma, al tiempo que arbitre los medios para que se respeten los derechos y garantías de los ciudadanos argentinos pertenecientes al pueblo Qom.

Tanto la Junta Unida de Misiones, que conforman varias iglesias protestantes como el Consejo Latinoamericano de Iglesias-Región Río de la Plata, han reenviado la carta, invitando a la adhesión.

Se puede adherir enviando a la siguiente dirección: gabicolombina@yahoo.com.ar, nombre, DNI. y otros datos que se quiera agregar como oficio,  lugar, pertenencia a alguna ONG, organización, comunidad. 

Aquí puede encontrarse la carta.

Contra la Difusión en la vía pública de la trata de personas


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